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La Copa Sudamericana tiene noches que no se juegan solamente con fútbol. También se juegan con carácter, paciencia y la capacidad de entender cuándo hay que golpear. Boca tuvo que atravesar una de esas noches en La Bombonera y terminó festejando un 1-0 ante São Paulo que lo deja con ventaja de cara a la revancha en Brasil.
Durante los primeros 45 minutos, Boca estuvo incómodo. Le costó darle velocidad a la circulación y encontrar espacios frente a un São Paulo que, sin ser ampliamente superior, consiguió generar las situaciones más peligrosas. El conjunto brasileño tuvo dos oportunidades muy claras, mientras que el Xeneize apenas pudo inquietar con un remate de Lautaro Blanco. Había que cambiar algo. Y Boca lo hizo después del descanso.
El complemento mostró a un equipo completamente distinto. El Xeneize adelantó sus líneas, comenzó a ganar las divididas y, fundamentalmente, empezó a jugar el partido en campo rival.
En ese crecimiento apareció la figura de Leandro Paredes.

El mediocampista fue el dueño de los tiempos. Recuperó, distribuyó, pidió la pelota y le dio claridad a un Boca que necesitaba alguien que ordenara la ofensiva. Impecable, Paredes fue uno de los nombres propios de la noche.
Y cuando Boca ya había tomado el control, apareció el hombre que tantas veces se acostumbró a aparecer en partidos importantes: Miguel Merentiel.

La Bestia encontró el espacio, insistió sobre la jugada y terminó convirtiendo el gol que hizo explotar a toda La Bombonera. El 1-0 cambió definitivamente el partido.
Con la ventaja, Boca se sintió más cómodo. El equipo comenzó a manejar la pelota con otra confianza y encontró espacios para buscar el segundo.
Alan Velasco tuvo una actuación que generó el reconocimiento de la gente y se fue reemplazado entre aplausos. Una señal importante para un jugador que necesitaba una noche así.
También volvió a destacarse Jagger Herrera, una de las figuras del encuentro por su despliegue, su entrega y la importancia que tuvo para sostener al equipo durante distintos momentos del partido.

Boca tuvo posibilidades para ampliar la diferencia. Y ahí quedó la sensación de que faltó uno más.
Porque un 2-0 hubiera permitido viajar a Brasil con otra tranquilidad. El 1-0, en cambio, obliga a jugar otros 90 minutos de máxima concentración.
Pero también hay que valorar cómo consiguió Boca esta victoria. El equipo fue capaz de cambiar la historia de un partido que en el primer tiempo parecía complicado y terminó imponiendo condiciones durante prácticamente todo el segundo.
La serie está abierta. Boca se lleva una ventaja mínima, pero valiosa, y ahora tendrá que trasladar esta confianza al Morumbí, donde lo espera un São Paulo que buscará revertir la historia.
No fue una noche para golear ni para regalarse. Fue una noche para ganar. Y Boca lo hizo.