El Xeneize venció 3-1 a Vasco da Gama en Brasil, revirtió la serie y se metió en la final de la Copa Sudamericana. Di Lollo, Merentiel y un derechazo decisivo de Leandro Paredes fueron los goles de una noche en la que el equipo mostró carácter, personalidad y un enorme compromiso colectivo.
Boca tuvo su noche soñada en el Maracaná. En un escenario imponente, con la obligación de revertir la derrota 1-0 sufrida en la Bombonera, el equipo de la Ribera se impuso 3-1 ante Vasco da Gama y consiguió el pasaje a la final de la Copa Sudamericana, con un global de 3-2.
El Xeneize salió decidido a buscar la clasificación y golpeó desde el comienzo. Lautaro Di Lollo abrió el marcador con un cabezazo y Miguel Merentiel amplió la ventaja tras quedar mano a mano con el arquero, luego de una asistencia de Villa. Boca daba vuelta la serie, aunque todavía quedaba mucho por sufrir.
En el segundo tiempo, Vasco descontó y volvió a poner suspenso en la semifinal. Cuando la tensión crecía y la clasificación parecía encaminarse a los penales, apareció Leandro Paredes. El capitán, que había llegado con dudas por su estado físico e ingresó desde el banco, sacó un derechazo desde afuera del área y desató la locura xeneize. Un golazo para cerrar una noche inolvidable.
Después del partido, Paredes expresó su emoción: “Este grupo de personas da todo para llevar a este club donde lo merece. Hicimos una vuelta muy buena. Un partido perfecto de principio a fin”. Y, fiel a la picardía futbolera, dejó otro mensaje en sus redes sociales: “Un besito y buenas noches”.
Pero la clasificación no se explica solamente por el gol del campeón del mundo. Boca tuvo rendimientos importantes en todas sus líneas y mostró una fortaleza colectiva que merece ser destacada.
Milton Delgado jugó bien, Ascacíbar aportó despliegue y personalidad, Battaglia respondió cuando el equipo lo necesitó, Flores cumplió y Herrera tuvo una actuación muy destacada. Los juveniles dejaron todo y demostraron que pueden competir en escenarios de máxima exigencia.
Porque hay que ponerse en el lugar de esos chicos: jugar una semifinal internacional en el Maracaná, con apenas 19 años y con la camiseta de Boca sobre los hombros, no es para cualquiera. La presión, el contexto y la obligación de ganar forman parte de una exigencia enorme. Sin embargo, los pibes no se achicaron y respondieron con entrega y personalidad.
Boca encontró en ellos el compromiso que necesita un equipo para afrontar una noche de estas características. Y en Paredes, la jerarquía para definirla.
El triunfo también dejó palabras que reflejan la responsabilidad de representar al club. Paredes habló del esfuerzo del grupo y del deseo de llevar a Boca al lugar que merece. El propio entrenador, Rodolfo Arruabarrena, reconoció que el club necesita un título, aunque pidió no adelantarse: el primer objetivo está cumplido, pero todavía falta el paso más importante.
Ahora Boca espera por Atlético Mineiro o Montevideo City Torque para conocer a su rival en la final. La definición será el 21 de noviembre, en Barranquilla, Colombia.
La ilusión está en marcha. El equipo revirtió una serie complicada, resistió la reacción de Vasco y encontró respuestas futbolísticas y anímicas cuando más las necesitaba.
Boca ganó en el Maracaná con los goles de Di Lollo, Merentiel y Paredes, pero también con el esfuerzo de todos. Los pibes estuvieron a la altura de la historia, el capitán apareció en el momento justo y el Xeneize volvió a soñar con una vuelta olímpica. (www.REALPOLITIK.fm)