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Salud mental

Alerta por el suicidio en Argentina: “Se ha perdido el motivo, las ganas de vivir”

29/10/26 | El psicólogo Guillermo Colantoni analizó la crisis de la salud mental, la desigualdad en el acceso a tratamientos y la pérdida de los vínculos sociales.


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Por:
Jorge Sarno

Guillermo Colantoni, psicólogo con más de cinco décadas de trayectoria y referente de las luchas por el reconocimiento profesional y la salud mental, dialogó con RADIO REALPOLITIK FM (www.realpolitik.fm) sobre los cambios sociales, las dificultades para acceder a la atención psicológica y el impacto de las desigualdades en la vida cotidiana. Durante la entrevista, también recordó su militancia, las persecuciones que sufrió durante la última dictadura militar y las experiencias que marcaron su recorrido profesional.

Al reflexionar sobre los desafíos pendientes de la profesión, Colantoni cuestionó las dificultades económicas que enfrentan quienes necesitan atención psicológica y no cuentan con recursos suficientes. En ese sentido, sostuvo: “Hoy interesa más tener un consultorio y ganar unos pesos que la persona en sí”, en referencia a lo que considera una pérdida del compromiso social que debería acompañar al ejercicio profesional.

En esa línea, el psicólogo advirtió que los aranceles y las demoras en el sistema público constituyen barreras para acceder a un tratamiento. “Entonces es como que la salud mental, como todo lo que está pasando en este momento, está para un determinado nivel, para el otro no tiene acceso”, afirmó. Para Colantoni, la atención psicológica debe contemplar las condiciones económicas de la población y recuperar una perspectiva que priorice las necesidades de las personas.

Colantoni también recordó las dificultades que atravesó para ejercer como psicólogo en el ámbito estatal, pese a contar con el título universitario. Según explicó, su militancia gremial condicionó su trayectoria y le impidió obtener el reconocimiento profesional en distintas dependencias públicas. “No me lo reconocieron nunca”, resumió al recordar que trabajó en el Estado como asistente social, pero nunca fue nombrado como psicólogo.

Su compromiso con la organización profesional lo llevó a participar de distintas instancias de lucha durante décadas. En ese recorrido, recordó la persecución sufrida por integrantes de la Asociación de Psicólogos y el caso de Beatriz Perosio, una de sus amigas, desaparecida durante la última dictadura y posteriormente asesinada. Al describir el clima de aquella época, destacó que existían valores colectivos que hoy considera debilitados: “Confiábamos en el otro y había mucha tolerancia. Discutíamos, teníamos adversarios. Indiferencia siempre alguna surgía, pero no teníamos enemigos. Hoy estamos llenos de enemigos”.

El entrevistado relató que, en 1976, tras la salida de integrantes de la asociación por razones políticas, asumió la responsabilidad de sostener la institución junto con su esposa y algunos amigos. También recordó un allanamiento y las restricciones que sufrió durante esos años. Al mirar hacia atrás, reconoció que todavía se pregunta por las consecuencias de su militancia sobre sus seres queridos: “Pienso hoy cómo puse en riesgo la vida de mis hijos y de mi familia, si valía la pena, si era necesario. Aún no tengo la respuesta”.

A partir de su experiencia de trabajo con menores y en hogares de contención, Colantoni manifestó su preocupación por las condiciones de vida de niños y adolescentes atravesados por la pobreza y la violencia. También vinculó el sufrimiento psicológico con un contexto social que dificulta proyectar un futuro. Al respecto, advirtió: “Es terrible porque yo participé en tres hogares”, recordó sobre su experiencia en instituciones dedicadas a acompañar a chicos en situaciones de vulnerabilidad.

El psicólogo también relacionó la incertidumbre económica con la pérdida de expectativas personales y familiares. En particular, señaló las dificultades que enfrentan los jóvenes para estudiar, conseguir trabajo o independizarse, así como las de los adultos que pierden su empleo. Para Colantoni, estas condiciones deben considerarse al abordar problemáticas como la depresión y el suicidio, sin separarlas del contexto social en el que se producen.

La pérdida de los vínculos y el avance de las pantallas

Otro de los ejes de la entrevista fue la transformación de las relaciones interpersonales y la disminución de los espacios de encuentro. Colantoni recordó las reuniones familiares, los clubes, las plazas y los juegos compartidos como experiencias que favorecían la construcción de vínculos. En contraposición, cuestionó el aislamiento que puede generar el uso permanente de los teléfonos celulares, incluso entre personas que se encuentran físicamente cerca. “El tacto, el afecto, el abrazo, todo eso se fue perdiendo”, sostuvo.

En relación con las consecuencias de estos cambios, el entrevistado advirtió sobre la falta de diálogo entre padres e hijos y la dificultad para construir relaciones de confianza. También señaló que el uso de la tecnología puede convertirse en una forma de evasión cuando reemplaza otras experiencias de interacción. “Las adicciones son una vía de escape”, afirmó, al explicar que determinadas conductas pueden funcionar como mecanismos para tapar el malestar. Sin cuestionar los avances tecnológicos en sí mismos, insistió en la importancia de prestar atención a sus usos y a sus efectos sobre la vida cotidiana.

Al repasar su trayectoria, Colantoni destacó la reciprocidad, la tolerancia, la confianza y la generosidad como principios que orientaron su vida personal y profesional. Según explicó, esos valores resultan indispensables para sostener cualquier organización o grupo humano. “Sin eso no hay nada que funcione. Ningún grupo, nada”, afirmó. Asimismo, manifestó su preocupación por lo que considera una pérdida del agradecimiento, la humildad y la gratitud en las relaciones sociales.

Finalmente, al imaginar qué le diría a su versión más joven, el psicólogo eligió un gesto antes que una explicación: “Le levantaría y le daría un abrazo”. La respuesta sintetizó una de las ideas que atravesaron la conversación: la necesidad de recuperar el contacto humano, la escucha y la cercanía como herramientas para enfrentar el sufrimiento. Tras más de cinco décadas de trayectoria, Colantoni reivindicó el valor de acompañar al otro y de sostener vínculos basados en la confianza, el respeto y la solidaridad. (www.REALPOLITIK.fm)

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